Divorcio: ¿carácter ganancial del arrendamiento?

Divorcio: ¿carácter ganancial del arrendamiento?

Las crisis matrimoniales, producen el efecto de ciertos traslados o permanencias en el mismo inmueble, que pueden afectar a la vida del contrato de arrendamiento en cuanto a su duración y eficacia.

En ocasiones, el contrato de arrendamiento ha sido firmado por uno de los esposos, es decir de los titulares de la sociedad de gananciales, pero sin embargo, el piso es atribuido judicialmente como domicilio conyugal a la esposa.

En otros casos, lo que se produce es simplemente una separación de hecho entre los cónyuges, sin haber recaído sentencia judicial. Lo normal será pensar en este tipo de casos que la situación es siempre conocida por el arrendador, puesto que le sera comunicada y se permitiría que el cónyuge se subrogue en todos los derechos y obligaciones.

Por tanto, esta cesión consentida, provocara una sustitución subjetiva de la parte arrendataria.

El esposo que abandono el piso, podrá entender que como consecuencia de su divorcio o abandono, no tiene ninguna obligación legal en las obligaciones adquiridas por el contrato de arrendamiento.

Podrá entender que al haberse hecho cargo del piso el otro cónyuge, este continuara pagando la renta y cumpliendo sus obligaciones como arrendatario.

Sin embargo, la realidad jurídica es bien distinta, puesto que cualquier clase de cesión se requiere como en todos los contratos, un consentimiento libre, realizado de forma consciente y voluntaria por las partes, y esto implica la voluntad del cedente de ceder el contrato arrendaticio con todos derechos y obligaciones y por parte del cesionario, la obligación de aceptarlo.

Pero igualmente, se requiere que el cesionario sea un tercero ajeno al contrato de arrendamiento que se cede, condición que no concurre, en el esposo que se quedo en el uso del piso, quien por el vinculo matrimonial ya existente con el arrendatario en el momento de la celebración del arrendo, pasa a ostentar una cotitularidad  material de la vivienda que le confiere el derecho a ocuparla por sí y por las personas que dependen de tal unión matrimonial, sin que ello implique novación subjetiva alguna en el contrato.

El Tribunal Supremo, ha venido reconociendo el carácter ganancial del arrendamiento concertado por el marido en repetidas resoluciones jurisprudenciales, expresando su parecer en el sentido de que con independencia de que el marido habite o no junto con su familia en la vivienda arrendada, la obligación contractual nacida del contrato, sigue intacta y en consecuencia, sigue vigente la condición de arrendatario de la persona que se queda.

 

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