Divorcio: los efectos a largo plazo en los niños

Divorcio: los efectos a largo plazo en los niños

El hecho de divorciarse, es por sí mismo estresante, tanto para los adultos, como para los niños.

Pero lo normal es que, una vez trascurrido un tiempo inicial de transición o puente de un tipo de vida a otro, si el niño crece en un ambiente familiar sólido, estable y sin conflicto, la nueva situación que se haya generado, pueda ser beneficiosa y positiva para este.

La mayoría de los efectos nocivos del Divorcio, suelen estar relacionados con la situación preexistente entre sus padres, sin embargo este efecto puede ser reducido, si ellos trabajan de forma conjunta y mantienen una relación fluida y cordial con sus pequeños.

El pelearse ambos cónyuges o discutir en presencia de los menores, es lo que puede conllevar unos efectos negativos para estos.

Considerando el asunto desde otro punto de vista, los adolescentes pueden usar el Divorcio de sus padres, para conseguir sus propios caprichos y beneficios personales.

Muchos niños del Divorcio, cuando llegan a ser padres, son muchos mejores que los suyos propios, ya que saben como el dolor y trauma del Divorcio, les afectó a ellos mismos en su infancia.

Pero la principal consecuencia de este para los niños preadolescentes y adolescentes, es que no entienden el significado propio, que entraña la ruptura y en muchos casos, tienen dificultad para aceptar los cambios, que conlleva su nueva vida familiar.

Al estar poco desarrollada su capacidad de raciocinio, pueden culparse a sí mismos de la quiebra afectiva de sus padres.

El Divorcio puede también actuar de forma adversa e insidiosa para los pequeños, al sentirse estos inseguros, se muestran enojados con sus propios sentimientos y en ocasiones se sienten obligados a tomar responsabilidades, que no le corresponden a su edad, y que son propias más de personas adultas que de ellos.

Los estudios estadísticos realizados en países con más tradición divorcista que España, demuestran que los hijos de personas divorciadas, tienen el doble de posibilidades de que, una vez llegados a adultos, sus matrimonios sean inestables, y puedan acabar en ruptura. Claro está, todo esto comparado con niños que crecen en hogares intactos y seguros.

La principal preocupación de los padres, será, por tanto, mantenerse atentos al rendimiento académico y progresos escolares de sus pequeños, así como de todas las actividades extracurriculares que puedan realizar con sus compañeros.

Para algunos críticos, los efectos a largo plazo, incluyen la falta de capacidad de estos niños, para mantener una relación estable una vez que lleguen a la vida adulta.

El problema fundamental, por tanto, no es como los padres han roto su matrimonio, sino como interactúan con sus hijos, en los años posteriores y la forma en que manejan el problema, con sus pequeños.

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