Divorcio: valoración de la vivienda familiar

Divorcio: valoración de la vivienda familiar

Ordinariamente la mayoría de las Sentencias de Separación o Divorcio suelen establece el uso de la vivienda familiar para uno de los cónyuges, ya sea para el más necesitado de protección o en definitiva para los hijos y aquel esposo al que se le entregue la guarda y custodia.

Esta atribución de uso plantea el problema de si debe valorarse o no como carga del inmueble en el momento de practicarse la liquidación de la Sociedad de Gananciales.

La tendencia dominante es que los Tribunales entienden que no significa ningún tipo de carga.

Generalmente tal pretensión, de que el uso sea considerado como un gravamen, es sostenida por el cónyuge que tiene la atribución como consecuencia de las medidas adoptadas en la Separación o Divorcio y lo que pretende es que se minusvalore el bien respecto a la estimación actual de mercado.

Lo cierto es que no se puede ignorar las consecuencias económicas que de hecho se producen con la atribución del uso, lo cual repercute en su posible desvalor ante una eventual venta a terceros.

Sin embargo su consideración como carga, choca con la propia naturaleza y eficacia que al derecho derivado de la atribución del uso le han reconocido los Tribunales, dada la temporalidad y provisionalidad de dicha atribución.

Esta atribución de uso, no puede considerarse ni como un usufructo ni como un derecho real, en principio vitalicio y disponible, sino más bien como un derecho de ocupación que se puede oponer siempre frente a terceros.

Mediante este se pretende garantizar la ocupación del cónyuge e hijos a quienes se haya atribuido al uso, sin que en consecuencia tal derecho, dentro de la liquidación de la Sociedad de Gananciales, pueda ser incluido como pasivo.

No obstante cuando se realicen las adjudicaciones de la titularidad del inmueble se debe dejar constancia de la existencia de este derecho.

Sin embargo la caracterización del derecho de uso como una carga real no es ciertamente admitida por la Jurisprudencia del Tribunal Supremo, a pesar de su contenido económico.

El uso adjudicado en un proceso matrimonial más que sobre la Sociedad de Gananciales, es una carga que como prestación alimenticia peculiar, recae directamente sobre el cónyuge titular de la vivienda, ya sea privativa o ganancial, se tenga como dueño o como usufructuario o precarista.

Al cónyuge al que no se le atribuye el uso, se ve excluido del disfrute goce y posesión del mismo y de la facultad de disponer sobre él, en beneficio de su consorte.

Sin embargo al que se le ha atribuido como beneficiario de la adjudicación, no pasa a acreditar una mayor participación sobre la vivienda adjudicada, de la que pudiese tener con anterioridad al divorcio.

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