El moroso intencional

El moroso intencional

Ordinariamente este tipo de deudor dispone de los suficientes recursos de tesorería para poder efectuar el cumplimiento de la obligación.

Voluntariamente se niegan al pago de sus facturas, y retrasan los plazos de cumplimiento con la finalidad de conseguir financiación gratuita. Dicho en otras palabras, juegan con el dinero de los demás y pretenden hacer fortuna a costa de sus acreedores.

Este tipo de moroso se aprovecha de su comportamiento ya que le sale muy rentable, y le permite, en muchas ocasiones, cumplir su objetivo de no pagar.

Son muy pocos los acreedores que van a llevar el asunto a los Tribunales, y eso es conocido por el moroso intencional.

Por tanto, si no se le aplican medidas coercitivas para obligarle al pago, el continuará con su actitud.

Cualquier oportunidad es buena para poder eludir el pago, sobretodo cuando el acreedor comete un fallo, o les proporciona un buen motivo. Este tipo de morosos saben sacar provecho de cualquier incidencia comercial por pequeña que sea.

Juegan a decir medias verdades, y aunque en ocasiones puedan tener cierta parte de razón, se aprovechan de que su comportamiento les sale muy rentable y beneficioso.

La única solución que tiene el acreedor es tratarlos con convicción y firmeza, y cargarle los intereses de demora si no pagan puntualmente.

En caso de que la conducta se repita habitualmente, y siga sin cumplir lo pactado, el acreedor solamente podrá forzarle con tomar medidas comerciales severas, como puede ser el retirarle las líneas de crédito, o incluirlo en una base de datos de morosos, o en último caso, acudir a los Tribunales.

Ordinariamente este tipo de combinaciones suelen surtir efecto ya que el empresario moroso quiere continuar en su negocio, y el figurar en una base de datos le puede ocasionar graves perjuicios.

Habitualmente acaban pagando, tarde y mal, pero al final cumplen con su obligación.

Mención aparte merece que se niega a pagar sistemáticamente, este tipo de deudor intencional, juega con las estadísticas y sabe que una gran parte de los acreedores nunca le reclamará judicialmente, y acabará aburrido, perdonándole la deuda.

Sus excusas para no pagar, no solamente son infundadas, sino que en ocasiones llegan al absurdo, y normalmente para conseguir el pago, únicamente cabe la reclamación judicial, ya que no les importa en absoluto que su imagen se vea deteriorada.

A&A Impagados

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