Errores frecuentes en la negociación de impagados

Errores frecuentes en la negociación de impagados

Ordinariamente, el acreedor suele partir del principio de que solamente existen dos formas de tratar con los deudores, bien sea mediante la negociación dura, o la de forma blanda y amistosa.

Este tipo de planteamiento no deja de ser un error estratégico, puesto que existen otras alternativas que consiguen mejores resultados.

El acreedor que escoge la estrategia de hacerse amigo o “amiguete”, busca ganarse la simpatía del deudor, y utiliza todos los recursos que estén a su alcance para caer bien al moroso, restándole importancia al problema, o enfocándolo como algo superficial y de carácter banal.

En estos casos, la principal preocupación del acreedor es evitar todo tipo de discusión y enfrentamiento con este, viéndose obligado a hacer concesiones, incluso en contra de sus intereses.

Como todo tipo de negociación, esta tiene ventajas e inconvenientes, y estos últimos son los que señalamos a continuación:

  • El deudor acabará perdiendo el respeto a su acreedor.

  • Muy posiblemente abusará de su confianza, llegando incluso a tomarle el pelo.

  • El moroso no verá la necesidad de pagar la deuda.

Otra estrategia efectiva del acreedor para gestionar su impagado, es la que adopta cuando se coloca en una situación de severidad, tratando al deudor como si fuese su enemigo.

Como quiera que el acreedor adopte una posición agresiva, configurando la negociación como una lucha de poder, la única finalidad que tendrá, será la de someter a su contrario.

En estos casos el acreedor intenta presionar al moroso con todos sus medios, llegando a amenazarle abiertamente.

La principal ventaja de este tipo de estrategia, es que en ocasiones el acreedor pone al moroso contra las cuerdas, y si lo coge desprevenido, es muy posible que consiga el pago.

Pero por el contrario, también puede suceder que como consecuencia de la tensión existente con el deudor en todo el proceso de negociación, este se rompa y no se llegue a conseguir ningún resultado.

Por tanto, puede haber una tercera vía completamente diferenciada de las anteriores, basada en la persuasión, por la cual el acreedor intenta convencer al deudor que va a ayudarle a solucionar el problema, y le ofrece toda su colaboración para encontrar una salida airosa a la situación planteada.

Si el deudor rechazase dicha posibilidad, siempre se le deberá de hacer comprender las consecuencias negativas que esto le va a suponer.

Por ultimo, siempre se le deberá hacer ver al moroso que es mejor solucionar el problema y no dejar que este se desboque, y pasen a otros niveles, que pueden ser más perjudiciales para el mismo.

A&A Impagados

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