La artritis reumatoide e incapacidad permanente

La artritis reumatoide e incapacidad permanente

La Artritis Reumatoide es un trastorno inflamatorio crónico y sistémico, de origen desconocido.

Se caracteriza, ordinariamente, por una inflamación de la membrana sinovial de las articulaciones, con tendencia a la destrucción de las mismas o su deformación.

Todo sujeto que sufre de Artritis Reumatoide, suele ver reducida su capacidad funcional, y por tanto, su capacidad laboral.

Pero considerado el asunto desde otro punto de vista, la misma supone un deterioro de la calidad y esperanza de vida del paciente que la sufre.

La Artritis Reumatoide puede tener su origen en varias causas, y, por tanto, puede afectar al sujeto con mayor o menor intensidad.

Así nos podemos encontrar casos donde no tenga casi incidencia en la realización de su trabajo habitual, para en otros supuestos muchos más graves, llegar a ser tan inhabilitadota, como para impedirle la realización de cualquier tipo de trabajo.

Normalmente, las personas afectadas por esta enfermedad, pueden trabajar en los primeros años después de que se le ha diagnosticado la misma, pero pasados cinco años verán gravemente afectadas sus capacidades, y puede decirse que con el transcurso de más de diez años, la mitad de ellos tendrán unas limitaciones funcionales muy serias e invalidantes.

La Artritis Reumatoide, afecta a millones de personas en el mundo, y puede considerarse una de las principales causas de Invalidez Laboral en España.

Ordinariamente, estos pacientes suelen estar sujetos a Tratamiento Médico meramente paliativo, es decir, para tratar de disminuir o aminorar su sintomatología.

Cuando la enfermedad avanza, el paciente no suele poder explicar, normalmente, cuales son las causas de su fatiga, ni de la rigidez matutina, que le afecta.

Esta se presentará, normalmente, después de un descanso prolongado, es decir, cuando se levante a primeras horas de la mañana, y es evidente que le ocasionará graves molestias y dificultades en todos sus movimientos.

Cuando la enfermedad avance, el paciente se encontrará gravemente limitado para la realización de su puesto de trabajo habitual, y en lo casos más graves, cuando la afectación alcance una gran intensidad y sea calificada como severa, le podrá impedir la realización de todo tipo de trabajo.

Normalmente, las articulaciones más dañadas son aquellas que están en las extremidades superiores, como las manos, pero también pueden darse en las rodillas, caderas, en el cuello, o en los pies.

Fdo: José Alberto Andrío Espina

aa-indemnizaciones.com

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